jueves, diciembre 03, 2015

Argentina: Una perspectiva Integral



La culminación del mandato de Cristina Fernandez implica un fin de ciclo para la Argentina. Con el debut en el gobierno de un partido nuevo que  logra imponerse sobre los dos grandes partidos históricos: el peronismo y el radicalismo, se abren nuevos desafíos y muchos interrogantes acerca del destino de las fuerzas políticas del país. El Kirchnerismo, ala política del peronismo, que cobró inesperada fuerza luego de la crisis del 2001, aparece hoy como una fuerza desgastada, asociada directamente a lo peor del populismo y con un apoyo decreciente por parte de la población en general y del peronismo en particular. 
El kirchnerismo es una fuerza heterogénea que alcanzó el poder gracias a un doble discurso que se sostiene desde ciertas similitudes superficiales y aparentes entre los discursos de corte preconvencional y postconvencional. Tal como lo señala el autor y filósofo Ken Wilber, la ausencia del elemento convencional entre ambas visiones  genera una ilusoria y poco sustentable sensación de afinidad. Ambas visiones se alían en contra de lo que perciben como un enemigo común: lo convencional, que en imaginario postconvencional está asociado con lo represivo, autoritario e intolerante y en la percepción preconvencional representa a aquello que se impone para limitar el hambre insaciable de individualidad que emerge de la conciencia egocéntrica. Todo aquello que impone un límite es reconocido como malo para ambas visiones del mundo y, en consecuencia debe ser combatido. Nace entonces esa particular alianza que empodera a los sectores más extremistas al tiempo que debilita las fuerzas que pueden contener esa energía salvaje para encausarla dentro de un esquema de co-construcción social. 
En un modo similar a la función de la represión en el psicoanálisis de Freud, el espacio convencional tiene como objetivo contener la libre emergencia de los instintos egocéntricos que tornan difícil, si no imposible, el desarrollo normal de una sociedad. En este sentido la colaboración de los grupos postconvencionales en la lucha contra las bases convencionales de la sociedad, acaban dejando a la sociedad postconvencional a merced de las fuerzas preconvencionales, dispuestas a "ir por todo". Esta particular situación constituye uno  de los grandes desafíos de la humanidad en el siglo XXI y es, a mi entender una de los sustentos básicos del fenómeno del terrorismo en sus diversas manifestaciones a nivel global. Un tema que retomaré en futuros desarrollos. 
En el caso particular del kirchnerismo, puede observarse que tras una fachada postconvencional y progresista que aparece en el discurso del bloque y que permitió grandes avances en términos de legislación se oculta una marcada tendencia al autoritarismo, una construcción maquiavélica del poder, un elevado nivel de corrupción y el innegable sello preconvencional del personalísmo egocéntrico. En esencia,  el kirchnerismo de Cristina Fernandez no es otra cosa que un neo-setentismo despótico y violento que ha encontrado, a través de una clase media mayormente postconvencional y lastimada por un pasado común  de abuso autoritario,  el caldo de cultivo ideal para afianzar su dominio.

Como todo engaño, la sociedad tarde o temprano comienza a vislumbrar las grietas en el discurso y es así como hoy nos preparamos para asistir, en solo  una semana, al fin de la dinastía K. Pero la suerte de Cristina y sus seguidores más radicales no deja de ser preocupante. Con un peronismo que ha ratificado su compromiso con las instituciones democraticas se cierra a su espalda  la puerta del partido que le permitió acceder al poder. Lejos de las mayorías, pero apoyada por una fuerza preconvencional que supo erigirla como líder incondicional, no sería una locura pensar que el kircherismo, incitado (y hasta tal vez comandado) por la futura ex Presidenta,  con conexiones profundas con estados autoritarios como Venezuela o Irán, enriquecido por el dinero sucio obtenido a través de los multimillonarios negocios  de corrupción llevados a cabo libremente durante la primera década de este siglo, y el apoyo de los carteles de narcotráfico, se perfile como una nueva fuerza paramilitar, una suerte de guerrilla, al servicio de una Argentina que muy pocos quieren. 
La convocatoria a resistir y a no dejar gobernar que surgen de las bocas menos felices del movimiento k (Hebe de Bonafini, entre otros), sugieren que algo de esto puede estar cocinándose. No es extraño entonces que entre las medidas importantes anunciadas por el Presidente Macri estén la condena a Venezuela e Irán, la persecución de todos los hechos de corrupción y el combate del flagelo del narcotráfico. 
El presidente electo se enfrenta a una dura tarea, en un mundo que no encuentra aún la solución a los problemas más básicos. Esta tarea es la de construir un país nuevo, rescatando lo mejor de nuestras convenciones y generando cambios en aquellas que constituyen un obstáculo para el pleno desarrollo humano. En ese camino de trascender e incluir, es muy posible que deba enfrentarse a quienes eligen simplemente infringir, golpear y lastimar.  
Hay cinco valores que guían nuestra más profunda humanidad: Libertad, Amor, Plenitud, Paz, Felicidad. Ojalá sean estos una brújula para nuestros nuevos líderes.

2 comentarios:

LOBO ESTEPARIO dijo...

Seguramente en este proceso de abarcar e incluir se originará un atractor que facilite también la co-evolución del entramado de nuestra sociedad, Ezequiel también sabemos que esto no sera fácil y que las resistencias también aportan su parte al crecimiento, solo mirando desde esa profunda humanidad podremos incluir a todos.
un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Sería interesante la opinión del autor de este artículo, desde la perspectiva integral como considera al nuevo gobierno y si mantiene o cambió la opinion del anterior.