jueves, noviembre 19, 2015

Un Eros para la Argentina


“Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida… Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar, miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo a morir, miedo a vivir”  Eduardo Galeano




El miedo es la herramienta preferida de cualquier autoritarismo, un arma intimidatoria que nos hunde en lo que Daniel Goleman bautiza como secuestro emocional. Para entender esto tenemos que recurrir brevemente a las neurociencias. En nuestro cerebro podemos identificar básicamente tres capas que fueron desarrollándose a lo largo de miles de años de evolución. La capa más profundo, conocida como cerebro reptiliano es la sede de todas las funciones vitales involuntarias y de los comportamientos básicos instintivos que son resumidamente dos:  ataque y huída. La segunda capa, conocida como cerebro paleomamífero es fundamentalmente el asiento de nuestro sistema emocional. Podríamos decir que nuestras emociones se originan en esta zona intermedia, donde localizamos lo que se llama sistema límbico. A diferencia de otros mamíferos los seres humanos seguimos evolucionando y desarrollamos una nueva capa, conocida como neocortex, que es la sede del pensamiento, de la capacidad de reflexión y razonamiento. Ante un estímulo producido a nivel del sistema límbico, en casos de personas equilibradas, se produce una conexión con la corteza cerebral que interpreta la emoción y decide como tramitarla. Cuando el impulso es muy poderoso puede ocurrir que la conexión entre el sistema límibco y la corteza cerebral quede interrumpida enviando una orden de acción automática hacia el tronco cerebral, generando así un circuito simple de estímulo -  respuesta, sin reflexión intermedia. Esta reacción puede ser muy útil en casos de peligros inminentes para los cuales un proceso de reflexión puede resultar letal pero en la mayoría de los casos, la intervención, aunque breve, de la corteza cerebral, producirá respuestas mas refinadas y constructivas. 

Los sistemas autoritarios conocen bien este proceso y hacen del miedo una herramienta de dominación, dejando a la gente secuestrada en una realidad que simplemente los supera. Los temores más profundos están siempre asociados a la supervivencia, de modo que temáticas como pérdida de trabajo, imposibilidad para acceder a las necesidades básicas o posibilidad de sufrir daños concretos, son temáticas recurrentes es este tipo de sociedades.

Es importante entender esto y darnos cuenta que no es casual que Daniel Scioli haya apelado a una campaña basada mayormente en inducir temor al mismo tiempo que se enarbola como garante de la continuidad económica. EL pánico es el argumento principal de este tipo de políticas y su objetivo es anular la capacidad de reflexión de las personas, permitiendo a quien lo infunde, convencer a multitudes que los adversarios representan un gran riesgo para su seguridad futura. Se confirma así la vieja y poco feliz  frase de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y quien en un principio se había entusiasmado con un cambio acaba votando en forma conservadora, para proteger aquello que teme perder. 

Las decisiones tomadas desde el secuestro emocional, las decisiones poco pensadas y sostenidas en el miedo a perder por sobre el deseo de mejorar acaban siempre mal. Podemos ver ejemplos de esto en la historia mundial y en la historia argentina. La evolución no puede nunca ser impulsada por el miedo (fobos) sino por Eros, la energía que genera, que instala en lo desconocido la semilla de la novedad. El camino del miedo, el camino de Fobos, es el camino que conduce a la muerte, a la entropía y la destrucción. El camino de Eros es el camino que conduce al amor, al abrazo, a la evolución y el crecimiento. 

El discurso de Daniel Scioli está plagado de mensajes que debemos escuchar muy claramente, porque estos mensajes nos están diciendo claramente que nada va a cambiar.

Recordemos:

Inocular miedo en la población es una herramienta de los sistemas populistas y autoritarios.
La actitud paternalista resumida en las palabras “yo los voy a cuidar” es una herramienta de sistemas populistas y autoritarios.
La demonización del libre pensamiento es una herramienta de sistemas populistas y autoritarios.
El estado convertido en un aparato de propaganda es una herramienta de sistemas populistas y autoritarios.
La división de la población entre “nosotros y ellos” o “ricos de barrio parque y pueblo trabajador” es una herramienta de sistemas populistas y autoritarios.


Este domingo votamos mucho más que una cotización del dólar, votamos mucho más que una devaluación, que dicho sea de paso, es un hecho que vivimos padeciendo los últimos 12 años. Este domingo votamos por que tipo de país queremos. Este domingo votamos por qué tipo de democracia elegimos. Este domingo elegimos entre seguir navegando en las oscuras aguas de fobos, manejados por delincuentes y oportunistas cuya única intención es perpetuarse en el poder o animarnos a algo nuevo, surgido a partir de la crisis del 2001. Este domingo elegimos si queremos ser parte de un grupo de naciones autoritarias como Irán, China o Venezuela o si queremos abrirnos al mundo libre y ocupar el lugar que podamos construir con nuestro esfuerzo. Yo no puedo saber si lo van a hacer bien o no, pero puedo reflexionar y darme cuenta que los que intentan meter miedo son los mismos que nos gobernaron en los 90 y en los primeros 15 años del siglo XXi. 


Ojalá votemos con sabiduría.


Lic. Ezequiel Newbery
www.ezequielnewbery.com





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