miércoles, octubre 09, 2013


ARQUETIPOS, ASTROLOGÍA Y SINCRONICIDADES...
por Ezequiel Newbery

Una de las principales características del espacio mítico es el pensamiento concreto, la necesidad de un referente externo para poder explicar lo interno. Cognitivamente opera el pensamiento concreto o capacidad de pensar acerca de cosas, que más tarde, será reemplazado por el pensamiento hipotético deductivo, es decir, la capacidad de pensar acerca del pensamiento. 

En el caso de la astrología, cuando nos referimos a que pertenece al espacio mítico del mundo lo decimos desde el hecho de que sus aseveraciones (utilicen los términos que utilicen) remiten a algún tipo de correspondencia material entre posiciones de planetas (cuadrantes de la derecha) y la conciencia individual o colectiva (cuadrantes de la izquierda). Tal correspondencia no puede explicarse a través de la tetraemergencia puesto que planetas y conciencia no co-emergen, sino que pertenecen a niveles diferentes en diferentes cuadrantes. 

En este sentido, y siempre hablando desde la teoría AQAL, es que no podría validarse desde la sincronicidad entendida como coincidencias significativas, o relaciones acausales significativas (tal como la desarrolló C.G.Jung). Desde una perspectiva integral entendemos la sincronicidad como Eros en acción, esto quiere decir que, como la realidad tetraemerge, todo hecho es un hecho sincronístico, resonando simultáneamente en los cuatro cuadrantes. Es importante no olvidar que esa resonancia o sincronicidad corresponde a la tetraemergencia en un mismo nivel (y no en distintos niveles de cada cuadrante como presupone la astrología). 

El modelo integral no cuestiona la astrología como sistema simbólico. Lo que sí cuestiona es la presunción prerracional de que la posición de los astros en un momento dado puedan hablar, lectura de carta natal por medio, acerca de las características de personalidad de un ser humano. Tal aseveración no dista demasiado de la afirmación que la presencia de regalos, el 25 de diciembre, debajo del árbol de navidad, en el living de tu casa es prueba suficiente de que Santa Claus te visitó y que por lo tanto, existe.

Otra característica del nivel mítico es la aparición, por primera vez en la historia de la humanidad, de roles sociales. Ambar se presenta como una claro espacio de asunción de roles. Es, como diría Nietzsche,  el despertar del Espíritu de Camello. Ambar encarna estos primeros roles o proto-roles en figuras alegóricas, dioses, semidioses y héroes y lo hace de la forma en que puede hacerlo, es decir, concretamente y a través del proceso primario y sus principios de contiguidad y semejanza. Estos elementos, que en tanto proto-roles son símbolos poderosos acerca de los más básicos roles humanos,  son rescatados por Jung como Arquetipos, a los que adjudica el calificativo de transpersonales. 
Pero lo cierto es que dichos mal llamados arquetipos no son otra cosa que prototipos, modelos del “deber ser” humano, que residen como moldes en el inconsciente personal, rellenados con los contenidos provistos por la historia personal y circunstancias de cada persona que ha atravesado los primeros niveles del espectro. La utilización de símbolos para favorecer la emergencia de dichas identificaciones personales prototípicas es algo común en muchas prácticas psicoterapéuticas. A diferencia de la Astrología, la Psicología (a partir de Naranja), se basará en el trabajo sobre el psiquismo, leyendo e interpretando el discurso del paciente, su relato en relación al símbolo. Entonces ese símbolo prototípico puede operar como una llave para evocar lo reprimido y traerlo a la conciencia. La Astrología (Magenta, Ambar o, en el mejor de los casos Verde regresivo) hará lo propio con la interpretación de una “carta natal”, es decir, hablará de la persona en cuestión, basándose en la posición de los planetas en el momento del nacimiento. La interpretación de un fenómeno interno (conciencia) a través de hechos externos (posiciones planetarias a la hora del nacimiento, siendo que estos no co-emergen en un mismo nivel), coloca a la Astrología por debajo de la línea de la razón, claramente en el nivel mítico. 

Ahora bien ¿puede la Astrología sobrevivir a la emergencia de Naranja? Si, y lo ha hecho en dos formas: Su parte que observaba los cielos ha dado lugar a la astronomía (cuadrantes de la derecha) y su parte que observaba la conciencia ha dado lugar a la psicología (cuadrantes de la izquierda). Dos hijos altamente eficaces nacidos de su madre mítica. Este es sin duda un mérito importante de la astrología. Es por eso que cuando digo que si la Astrología quiere sobrevivir en el siglo XXI, deberá despojarse de su correlación mágica (explicada en forma distinta según el nivel que la explique, pero mágica al fin) entre movimientos estelares y personalidad humana, la respuesta inmediata es -Ah! pero entonces no sería astrología!- . Y, me temo que es así, ya no será astrología, sino psicología, una psicología rica en imágenes y símbolos que permiten evocar aquellos proto-roles que nos atan, limitan e impiden, muchas veces, que nuestra conciencia avance hacia perspectivas más amplias y profundas. 

Algunos suspicazmente dirán que Edipo es también un mito y que por lo tanto podría pensarse el psicoanálisis como una construcción del pensamiento prerracional. Lo cierto es que quien afirma esto acierta en el 50% y yerra en el 50%. Mientras que Edipo constituye un proto-rol mítico que representa el deseo incestuoso y prohibido de un niño por su madre el llamado “complejo de Edipo” (una alusión metafórica y racional al mito) es una realidad probada por la zona 2 del cuadrante superior izquierdo, por medio de la metodología del Estructuralismo. La historia de Edipo es un mito, pero el “complejo de Edipo” no lo es. El complejo de Edipo, o mejor dicho fase Edípica (que puede o no desembocar en complejo), constituye una realidad estructural del psiquismo humano, realidad que se evidencia el estudio científico del desarrollo humano llevado a cabo por la ciencia estructuralista, y en la prohibición universal del incesto (Los niveles de parentesco para determinar la acción incestuosa varían de cultura a cultura, pero no ha habido en la historia civilización alguna que permita la relación sexual entre madre e hijo.) 

Queda claro entonces que en el psiquismo humano no opera el mito de Edipo sino el deseo incestuoso hacia la madre, deseo preconvencional que puede simbolizarse alegóricamente, evocarse o actualizarse a través del mito en cuestión. No podemos equiparar la verdad estructural de la existencia de una fase de deseo sexual del niño hacia su madre con la suposición prerracional de que al nacer mientras la Luna atraviesa la constelación de Aries el niño será propenso a buscar la acción, el movimiento y a deslumbrarse con la rapidez y la velocidad.

Tanto la psicología como la astrología dirigen su atención a la misma área del espectro, el espacio de lo prerracional, donde los contenidos inconscientes esperan ser actualizados y liberados de una carga que necesitamos para seguir evolucionando. La psicología lo hace desde la razón, quedando abierta a desarrollos postconvencionales. La astrología lo hace desde lo mítico y, ante la imposibilidad de dar cuenta de su metodología en forma racional, recurre al argumento de lo transpersonal o lo supraconsciente, atribuyendo a los proto-roles (arquetipos jungianos) un poder espiritual. 


Desde la perspectiva integral, transpersonal significa, entre otras cosas, ir más allá de la forma. Si los mal llamados arquetipos son formas que representan proto-roles ¿cómo podríamos acceder a lo transpersonal al conectar con ellos? ¿No se trataría más bien de soltar dichos arquetipos?. El mismo Jung habla de trascender los Arquetipos y sin embargo les adjudica un valor transpersonal. Esta contradicción, esta sujeción de la astrología y tantas otras prácticas New Age a elementos materiales, muestran no solamente que continúan operando desde el espacio mítico (espiritualidad material y concreta) sino que su uso tal como se lo propone puede constituir un verdadero obstáculo para un genuino crecimiento personal y trascendente. 

1 comentario:

Alberto (Pihui) Newbery dijo...

Plenamente de acuerdo. Estoy traduciendo un libro americano sobre país ideas de JC Jung u la astrología en estos momentos y tus definiciones me ayudan un montón para entender mis discrepancias con ese genio de la psicología, digamos que el primero que osó hablar de oriente y occidente en términos científicos y psicológicos estableciendo lazos de unicidad de corrientes de pensamiento. Por otro lado no me como el que Jung estaba 100% correcto en todo, pero le doy el changüí porque no tuvo la suerte de viví lo que vivimos hoy en día nosotros. (¿Suerte?... ¡Mhhh!)