viernes, octubre 01, 2010

El Tao, mi tao



Durante años llevé en mi morral una copia del Tao Te Ching. Interminables viajes en autobús, largas colas, esperas de aeropuerto y noches sin luna y de desvelo me sorprendieron leyendo sus versos.

Convertido hoy en un montón de hojas amarillentas y desordenadas por efecto del tiempo, el uso y la mala encuadernación, descansa merecidamente en un estante de mi biblioteca personal, aceptando con gusto mis ocasionales visitas a sus páginas. Como hoy, día frío, día de porque sí, de porque tengo ganas, de porque te vi ahí y quise hojearte nuevamente... Te leo


Haz que el cuerpo y el alma vital
estén unidos en un abrazo sin separación.

Que el aliento vital te vuelva tierno y fresco
como el de un niño recién nacido.

Purifícate alejando las visiones demasiado profundas
para no gastarte en vano.

Amando a los demás, gobernando el estado,
aprende a realizar el no-hacer.

Al abrirse y cerrarse la puerta del cielo
aprende a realizar lo femenino.

Entendiéndolo todo
se como aquel que nada sabe.

Producir y cultivar,
producir y no poseer,
producir y no almacenar,
aumentar y no dominar.

Esta es la verdad secreta.

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